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Wednesday, January 30, 2008

EPÍLOGO


(II)

(Al gordo Tume, amigo en las cebadas)

Pude haber leído este poema
Con la cabeza recostada sobre tus muslos
Y un cigarrillo humeando
entre tus senos
Que no importe bailar sobre los escombros
La vida me ha dado duro en el último round
pero la toalla sigue prendida de mi cuello
Conservo esta ciudad en una caverna gris de mis pulmones
Hace diez años que escribo sobre mi muerte
Es como abrir un hueco en la pared de mi esternón
y tirar el corazón desde una arteria
El gordo apura el último trago
acaricia la cicatriz de su rodilla
Conocidos son los amigos que me quedan
La abuela ha tejido una manta para sus muertos
con las telarañas de sus ojos
Toda felicidad es de tabaco
Un par de moscas copulan al borde de este vaso
y yo pienso en tu cintura
en la belleza definitiva de tu sexo ofrecido sobre la mesa
Ay rebeca yo muero por ti
La noche más alta rebequita me muero por ti
La nostalgia más fuerte que la lumbre
Lejos de ti yo me siento abatido
Y tu carné universitario de hace siete años
Tu bella mano estudiando mi bragueta
Ya no te podré ver como la primera vez
por encima de mis anteojos vacíos y tu cabello castaño
...Y aquí me tienes penando
sin poderme consolar...

De todos los buenos momentos
he decidido celebrar mi abandono
El gordo abanica su tristeza
Intenta persuadirme que el viento sopla a mi favor
Pero es imposible
En este vaso el viento ha muerto junto a la espuma
Yo te amé con locura que hasta me imaginé
que si tú me dejabas no iba a poder vivir...
Pude haberte leído este poema
Pero ya no están tus muslos desiertos
ni tus senos con olor a nicotina
Los minutos transcurren sin arpegios
La noche sola los días lluviosos
Cuesta reconocerlo
Aún duele el atardecer rosado de tu ombligo
...Pero me he convencido que en esta vida
Todo se olvida… todo se olvida…

César Olivares

Friday, November 23, 2007

EPÍLOGO


Toda soledad es liberadora
He oído hablar de un dolor de escritorio
Algo que se atasca en la solapa
y te empuja al lapicero
Con los años
Tuve que evadir el cuarto de mis padres
la mano siniestra y mi tristeza verde
(La noche entra por la cerradura de una puerta
mientras alguien dentro termina de embriagarse)
Dulcinea era la prostituta más rica de mi cuadra
Sus piernas temblaban en invierno porque no vestía pantalones
Eso lo supe cuando se llevó los míos con mi sueldo entero
No era un rocinante ni un quijote en medio de la alcantarilla
Tampoco un sancho aquejado de eyaculación precoz
De algún modo mis padres maldecirán la educación
que no me han dado
He podido ser feliz entre mis libros
y reír de barba en el espejo
Quiero descansar en mi vieja cama
Mi cuarto queda en un segundo piso
y este dolor no sube la escalera
La distancia es un zapato
Pellejo de Perseo
Frío de Voltaire / 220 voltios

César Olivares