Wednesday, March 08, 2023

A propósito de Decimario, de Cristhian Cárdenas Beramendi

Decimario, última entrega del poeta Cristhian Cárdenas Beramendi, es un sabroso y entretenido poemario conformado por ciento once décimas. La primera parte está constituida por cien décimas denominadas con el mismo título del libro, luego se encuentran “Tres décimas pisqueras” y, finalmente, “Ocho para mi tía negrita”. Este libro fue publicado en Lima, en el año 2022, bajo el sello editorial PanÓptico, el cual pertenece al Centro Peruano de Estudios Culturales.

Instrumento de juglares, payadores, pregoneros o una de las creaciones principales de la poesía popular, la décima es una composición estrófica conformada por diez versos (de allí su nombre) de ocho sílabas métricas con rima consonante. Una décima está destinada para ser recitada o cantada.  Sus temas son variados y no están desprovistos del más fino humor ni de la más honda reflexión. Sin embargo, durante el proceso de la independencia y durante las primeras décadas de la vida republicana, esta composición circuló con frecuencia a manera de pasquín y de panfleto, pues fue usado de manera peyorativa para desacreditar al enemigo político. Conocida es la sátira antirrepublicana atribuida a Felipe Pardo y Aliaga, y que me permito citar: “Si pública es la mujer / que se vende prostituta, / aquella, dos veces puta / re-pública viene a ser. / Así vengo a comprender / esta máxima absoluta: / todo aquel que se reputa / ser de república hijo, / viene a ser, a punto fijo, / un hijo de la gran puta”[1]. En nuestro contexto, las figuras máximas de la décima en el Perú recaen en Carlos Vásquez Aparicio, Abelardo Gamarra, Nicomedes Santa Cruz y David Alarco Hinostroza. En esta misma línea, Chisthian Cárdenas Beramendi se perfila como uno de los cultores más representativos de la décima peruana en la actualidad.

Volviendo a Decimario, las ciento once décimas que componen este libro abordan variados tópicos desde distintos enunciatarios. Así, en sus páginas desfilan temas como el amor, el desamor, las fiestas navideñas, el cuestionamiento a la poesía letrada, la vida en la urbe, la pandemia de la Covid-19, la vida bohemia, la muerte, el trago y la gastronomía. Es recurrente en este poemario que los temas propuestos aludan a elementos intertextuales e interculturales. En este sentido, algunas décimas nos remiten a libros, circunstancias, poemas de otros autores y hasta a composiciones musicales clásicas. Por ejemplo, la décima XLI soporta mejor el desamor cuando alude a uno de los versos más conocidos de Federico García Lorca: “UN ELÍXIR, por favor, / para encantar a mi amada, / que cayó ante la mirada / de un foráneo trovador. / Ese infame atrasador, / en su osado desvarío, / sin más se la llevó al río, / pensando que era mozuela, / mas, aunque a muchos les duela / su corazón es aún mío”.  Otro ejemplo lo podemos notar en la décima LIX, en la cual se cuestiona el encierro en épocas de pandemia; aquí el poeta recurre a una frase y a un personaje conocidos de la novelística de Mario Vargas Llosa: “DESPERTÓSE, Zavalita, / en un Perú inesperado, / todo mundo enclaustrado, / misma monja Carmelita. / El país que ahora habita / “ya no se ve tan jodido”, / pensó, antes de haber leído / tanto descaro y ruindad, / la nueva normalidad / le cogió desprevenido”.

Por otro lado, considero también que el humor es un tema central y característico del libro. Un humor untado de grandes dosis de ironía, lo cual permite abordar los contenidos presentados con cierta profundidad reflexiva. Aquí podemos citar la décima LX, en la cual se mudan convenientemente los gustos musicales modernos por composiciones musicales clásicas: “CON ESTRÉPITO escuchaba / un grosero reguetón, / sin importarme un pichón / si a un vecino despertaba. / Cuando vi que se asomaba / serenazgo por la esquina, / le bajé a “La gasolina” / y cambié a otra tonadilla: / El barbero de Sevilla / también tiene adrenalina…”. En esta otra décima el drama de la pandemia es curada con humor: “SOÑÉ UNA gripe mutante / que en una calle desierta, / andaba de puerta en puerta, / buscando un cuerpo vacante. / Al llegar al restaurante, / acecha a los comensales, / y al verla uno de los tales, / le dice con tono ameno: / -Comiendo en la tía Veneno, / ¡vacunadísimo sales!”.

Por último, un elemento paratextual como el lugar y fecha en el que fue escrito cada poema es de suma importancia para los estudiosos de la literatura. Sin embargo, en el caso de Decimario este elemento paratextual pasa a formar parte del texto lírico, pues nos permite entender, como información complementaria, el contexto histórico que motivó la escritura de las décimas. Por ejemplo, los textos que hablan sobre la pandemia están fechados entre marzo de 2020 y setiembre de 2021. El que desarrolla el tema de la Navidad nos ubica en un 24 de diciembre de 2020. Las décimas que tratan sobre el proceso electoral se encuentran registrados entre marzo y abril de 2021. Y así con cada uno de los apartados temáticos.

Sin duda, Decimario, de Cristhian Cárdenas Beramendi, es una de las gratas apariciones en el panorama actual de la poesía peruana. A esto se le suma su característica de extrañeza, pues se trata de décimas, uno de los géneros populares y de inventiva oral, y que ahora el autor nos entrega como parte de la poesía escrita, pero sin perder su esencia sabrosa, de barrio y musical. He ahí su doble importancia.

César Olivares Acate

 

Referencias

 

Beramendi, C. (2022). Decimario. PanÓptico.

Santa Cruz, N. (1982). La décima en el Perú. Instituto de Estudios Peruanos. https://repositorio.iep.org.pe/bitstream/handle/IEP/645/miscelanea2.pdf;sequence=2



[1] Información extraída del libro La décima en el Perú, de Nicomedes Santa Cruz, y publicada por el Instituto de Estudios Peruanos en el año 1982.

Saturday, December 04, 2021

Y antes niegue sus luces el sol: del caos lírico a la poética de la solidaridad. Una lectura del libro de Bethoven Medina



Un libro de poesía siempre es un abanico de posibilidades a nivel de estructura, discurso y representación. La poesía tal vez es el único arte donde el discurso tiene la capacidad de renovarse en sí mismo, de acuerdo con la verdad o vigencia de sus semas. Por eso, cada que volvemos a un poemario, es frecuente encontrar referentes nuevos que nos permiten realizar lecturas distintas o complementarias a las anteriores. No es una regla, pero esta operación de resignificación casi siempre ocurre con los buenos libros de poesía. Hace poco releí Y antes niegue sus luces el sol, del poeta liberteño Bethoven Medina Sánchez, y llamó mi atención la actualidad y la vigencia del mundo representado en sus versos. La primera edición de este libro data del año 2003; sin embargo, a decir del mismo poeta, este libro fue escrito hace cuarenta años. A continuación, detallaré algunas impresiones surgidas de su lectura. 

 

Impresiones generales 

Y antes niegue sus luces el sol ha sido editado cuatro veces en nuestro país, dos de manera impresa y dos en formato virtual. La primera edición apareció bajo el sello de Arteidea Editores en el año 2003. Nueve años más tarde, en el 2012, la Universidad Privada Antonio Guillermo Urrelo de Cajamarca se encargaría de ponerla al alcance de los lectores por segunda vez. Este año, 2021, han aparecido las ediciones en formato e-book a cargo de KN Editores de Cajamarca y de la Municipalidad de Lima, como parte de su colección Poesía contemporánea peruana. 

A nivel de contenido, el libro presenta un contrapunto entre dos discursos. El primero se refiere al himno nacional completo. Cada verso del himno le otorga el título a un poema. Por esta razón, el libro está compuesto por 52 poemas, pues son 52 los versos que componen, entre estrofas y coro, el himno completo del Perú. El segundo discurso pertenece al plano de la reflexión crítica. A partir del significado de sus versos, el poeta cuestiona los hechos relevantes y poco conocidos de la historia del Perú. En este segundo discurso se observan referencias intertextuales históricas intercaladas con hechos actuales y cotidianos, pues la historia también se escribe desde la cotidianidad. Aparte de representar de manera épica a los héroes subalternos de nuestra nación, aquellos que entregaron la vida para la construcción de un futuro accesible a las mayorías, el libro también reivindica al batallador cotidiano, oprimido, subalterno, cuya voz por sí misma no puede enfrentar el discurso hegemónico. Aquí el libro cobra trascendencia, pues cuestiona ese olvido a quienes resultan ser los verdaderos hacedores de la patria. 

Y antes niegue sus luces el sol, como lo advirtiera el crítico Juan Paredes Carbonell, nos ofrece múltiples aristas para ingresar a su contenido. En efecto, por tener un trasfondo de acontecimientos registrados de manera oficial, podemos abordarlo desde una lectura histórica. Por el hecho de cuestionar los anquilosamientos del pasado y proponer un cambio en beneficio de la comunidad, podemos otorgarle una lectura política. Aunque, en realidad, también podemos leerlo sin pretensiones de ningún tipo y salir igualmente lesionados por su mensaje de denuncia. A todas luces, se trata de un libro polifónico y desconcertante. 

 

¿El caos lírico o la lírica del caos? 

Quien se acerque por primera vez a Y antes niegue sus luces el sol, trascendente libro de poesía de Bethoven Medina, quedará completamente desconcertado, pues el autor, antes de brindar un mensaje poético claramente marcado, una manera de ver la realidad, invita a recrear, a partir de los elementos de su discurso, un mensaje que vaya de acuerdo con su capacidad de asombro y nivel de sensibilidad. Esto se debe al rompimiento de las estructuras lógicas dentro del discurso poético. Este caos lírico que enfrenta el lector se debe, precisamente, a la lírica del caos generada intencionadamente por el poeta. La lírica del caos en el poema se presenta a través de un discurso que se bifurca en varios planos, en otras palabras, en un mensaje no terminado o alterado por elementos impropios o “inoportunos” en el poema. Esto no es algo negativo, pues su nivel de representación se caracteriza por estar en construcción permanente, debido a la renovación de los significados en el discurso.

Una muestra de lo afirmado lo encontramos en el poema “Que faltemos al voto solemne”, cuando el poeta dice:

 

Esta tarde de palmeras piensa

y aparece don Luis Bustamante y Rivero

 

Un pez salta al aire

tras no soportar al océano Pacífico y escuadrón de agujas

200 millas nuestras eternamente

(que faltemos al voto solemne en tren cruzando andes)

 

En los versos citados encontramos lo que el poeta Juan Paredes Carbonell calificó de caoticismo semántico. De acuerdo con su perspectiva, “Bethoven recurre a desarticular el lenguaje y romper la estructura lógica del pensamiento racional, en una multiplicidad de referencias de sucesos y cosas” (p. 27). Efectivamente, no hay otra manera de cuestionar la realidad que presentarla de manera caótica, tanto a nivel de referente como en los diversos planos del discurso. 

Por otro lado, de acuerdo con las fechas propuestas en el primer poema (“Somos libres, seámoslo siempre”), pareciera que los poemas futuros nos ofrecerán un discurso ordenado y cronológico de los principales hechos de la historia del Perú que el poeta ha elegido cuestionar. Sin embargo, en los demás textos las referencias históricas y culturales pierden su orden natural y se reestructuran de acuerdo con el orden emotivo de cada poema, o, lo que viene a ser lo mismo, con el desorden subjetivo de cada lector. 

 

La poética de la solidaridad 

Bethoven Medina cuestiona el pasado y el verdadero sentido de la libertad, pero también se muestra preocupado por el futuro de la nación y de sus habitantes, eso que Benedict Anderson llamó la “comunidad imaginada”. En efecto, Anderson (1993) define la nación como “una comunidad política imaginada, inherentemente limitada y soberana” (p. 11). En “Somos libres, seámoslo siempre”, Medina reflexiona de lo lejos que estamos de alcanzar la definición de nación propuesta anteriormente, pues cuestiona el significado de la verdadera libertad. La siguiente imagen es estremecedora: “Ahora que brotan ojos a la mañana”. Es como si de pronto, en medio de tanta claridad prometida, tuviéramos ojos para ver, para darnos cuenta de nuestra propia realidad, cuyo futuro se encuentra aherrojado a la voluntad la cultura hegemónica. También dice en este poema: “Se manifiesta la lluvia en tu voz cuando eres reo de ti”. Ese llanto que ahoga la voz, que no deja hablar al oprimido, terminará cuando dejemos de ser presos del egoísmo y luchemos por causas justas: “porque el mar no es para intrusos que raptan caracolas y añoranzas”. Aquí se empieza a construir una poética de la solidaridad, que será transversal al contenido de todo el libro. 

La poética de la solidaridad de Bethoven Medina se basa en enunciados portadores de verdad, que, según Alan Bodieu, solo pueden surgir del caos social. En efecto, el discurso solidario de Medina brota caudalosamente, en pleno contexto histórico oficial, a través de los agujeros de silencio dejados por el discurso hegemónico. Bethoven Medina propone la poética de la solidaridad no como la representación de un mundo ordenado y feliz, sino como el ejercicio necesario e imprescindible para terminar con el caos y el sufrimiento de un mundo lleno de desigualdades. En otras palabras, esta práctica de la solidaridad nace del cuestionamiento de una sociedad injusta, que oprime al desposeído. 

Pero más allá de la poética de la solidaridad, lo que realmente Bethoven Medina propone en este libro es una poética plena de los valores. Es frecuente encontrar en el libro palabras como fraternidad, igualdad, amor, libertad, justicia, responsabilidad, perseverancia, solidaridad, etc. Por ejemplo, en el segundo poema que le otorga el título al libro, la voz lírica expresa: 

El sol

esa yema de huevo

adentro muy adentro despierta

a la patria en amor

 

En los versos citados se puede observar una relación entre amor y alimento. La patria se nutre del valor de sus hombres, pero el organismo de los hombres precisa de las proteínas necesarias para empujar los sueños. Es difícil identificarse con un proyecto de nación con el estómago vacío. No se puede pensar en la libertad plena cuando antes se está preocupado por llenar el estómago. Así lo evidencian los siguientes versos del poema “Que la patria al eterno elevó”: 

Hay que buscar la libertad como presa en shámbar

o caldo de habas

entre repollos y garbanzos

en homenaje a la patria que al eterno elevó

y sus estruendos ahora que sacuden la playa

             

En este mismo sentido, la fraternidad y la compasión también se aprecian en estos versos del poema “Que faltemos al voto solemne”: 

Irremediablemente debajo de llantas de un bus

los días son entusiastas pollitos en corso

venidos a comer en mi pecho

maíz chancado

lágrimas granuladas

así son los días bajo el Fondo Monetario Internacional

 

Aquí el poeta consuela al sufriente, al que vive el día a día. El hablante lírico se muestra empático y abre su pecho a esas aves tiernas que sufren las inclemencias de la incertidumbre económica. En los versos citados, el maíz chancado es comparado con lágrimas granuladas, pues muchas veces eso es lo que cuesta saciar esta necesidad elemental que permite la supervivencia. 

La preocupación por el alimento (o la carencia de este), es recurrente en este libro de Bethoven Medina. Por ejemplo, en el poema “Que la patria al eterno elevó” el hablante lírico problematiza el hambre, pero, aún en estas circunstancias, el estómago vacío no es excusa para perder la esperanza:

 

después de una noche fría y metálica no importa

siempre se espera el amanecer

aun cuando la navaja que taja

sigue siendo las 12 del día y platos vacíos

 

 Referencias bíblicas, tópicos ambivalentes para la construcción de la justicia 

En una de las tantas lecturas que ofrece Y antes niegue sus luces el sol, se puede apreciar que las nociones correspondientes a la poética del bien común se encuentran basadas en numerosas referencias bíblicas. Sin embargo, al contrario de lo que pueda pensarse, las alusiones religiosas en el poema no sirven de consuelo a los sujetos representados en el texto. El autor problematiza en algunos versos la manera en que los fundamentos bíblicos han sido cómplices de la injusticia. No obstante, algunos referentes sagrados también sirven para enaltecer algunos hechos históricos y dar valor a los principales constructores de la patria. 

Una referencia bíblica notable la encontramos en el poema “Que faltemos al voto solemne”, cuando en los versos finales dice: “Lavad los pies a mi país”. Aquí la nación se presenta como un agente maculado, sucio de corrupción, al que es necesario empezar a limpiar desde la base, para echarlo a andar sin mancha. Para lavar pies ajenos es necesario despojarse de toda vanidad, ser el más humilde entre los humildes, valor primordial de la religión cristiana, principalmente del nuevo testamento. En este sentido, los encargados de asear a nuestra patria serán los puros de corazón, los que hacen el bien sin ansias de figuraciones políticas. 

Otra referencia bíblica en la que se alude al amor con tintes de plegaria se encuentra en el poema “Que la patria al eterno elevó”: 

Amar al Perú sobre todas las cosas

ahora y en la hora

caminando sobre los cordeles eléctricos de la ciudad

 

En estos versos el poeta se declara creyente. Pide amar al Perú, pero no en la ahora de nuestra muerte, sino en nuestro diario trajinar, en la lucha consuetudinaria que permitirá establecer las bases para un verdadero cambio social. Solicita amar a la patria a pesar de las adversidades. Por eso en uno de los versos más emblemáticos de este libro manifiesta: “Desde el fuego / enardecido entre sombras, te amo Perú”. 

Más adelante, en el poema “Y quebrar ese cetro que España”, el poeta se muestra cuestionador de la religión de los vencedores, pues asume que fue cómplice de la invasión y del hurto de las riquezas de las culturas originarias de estas tierras. Es decir, un elemento propiciador de injusticias y creador de desigualdades. 

Padre Nuestro

España Ave María en pecado concebida

Mi Perú no desea rayas como tigre

 

O en estos otros versos donde establece una analogía entres los apóstoles y los próceres de la independencia. 

Simón José

apóstoles de la independencia

ríos de velas encendidas

aquí queda

 

Aunque a ciencia cierta José no fue un apóstol propiamente dicho, la imagen en válida para otorgar ciertas características sagradas a la acción libertadora de Simón Bolívar y José de San Martín. 

 

Palabras finales 

En conclusión, el discurso poético de Y antes niegue sus luces el sol se ubica del lado de los vencidos, pero de un vencido que de pronto se cansa de serlo, de un vencido cuestionador, cuyo discurso presenta las verdades históricas dentro de la ética de lo real. Muestra al Perú como una imposibilidad histórica con fallas de origen. Por otro lado, la poética de la solidaridad en este libro se fundamenta en la necesidad de lograr el bien común, que es el principio de toda ética. Y el bien común es el principal punto de partida para cambiar el mundo caótico y oscuro en el que reina la corrupción y la mentira. Citando al poeta, la poética de los valores equivale a ese “vivir fosforescente” en medio de la oscuridad, donde “la justicia aún no llega ni libertad ni moralización ni igualdad”. Finalmente, podemos decir que Y antes niegue sus luces el sol es un libro honesto con el discurso que propone. Bethoven Medina nos invita a “no permanecer indiferentes a rigores de los días”. Y lo repite más adelante: "No debemos permanecer indiferentes bajo crepúsculos / a la redención de la sangre”.

 

 César Olivares Acate
Referencias

 

Anderson, B. (1993). Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. Fondo de Cultura Económica. http://seminariocultura.sociales.uba.ar/wp-content/uploads/sites/90/2021/01/Anderson_benedict-_comunidades_imaginadas-completo.pdf

 

Badiou, A. (2009). Compendio de metapolítica. Prometeo.

 

Medina, B. (2021). Y antes niegue sus luces el sol. Municipalidad de Lima. https://www.descubrelima.pe/wp-content/uploads/2021/11/Y-antes-niegue-sus-luces-del-sol.pdf

Saturday, August 22, 2020

La novela de la prisión

 La novela de la prisión (primer acercamiento)


La novela de la prisión es aquella producción narrativa que direcciona sus recursos estilísticos y temáticos en retratar el universo carcelario. La cárcel, dentro de la narrativa peruana, mayormente se presenta vinculada al testimonio político. Para realizar un estudio de la literatura carcelaria se debe tener en cuenta el espacio en el que fue concebida la obra, pues al tratarse de una prisión, su proceso de creación se encuentra contextualizado por un ámbito marginal y periférico, excluido del centro conservador y civilizado[1]. Por lo tanto, constituye un espacio prohibido y desautorizado para la elaboración de discursos oficiales, pero no incapaz de ser representado en la diégesis ficcional de un texto narrativo. Esta información es importante, pues nos sitúa en los lugares en los que se produce este tipo de literatura, los mismos que pueden ubicarse tanto al interior (in situ) como al exterior de la prisión (ex situ). Sin embargo, también existen textos creados entre el adentro y el afuera de la zona de reclusión. Estos presentan diferencias marcadas. Según Casado (2016), cuando la escritura se produce dentro de la prisión, esta regularmente procede de un acto impulsivo, delirante y furioso; en cambio, cuando el proceso creativo se produce fuera del espacio carcelario, esta se torna un acto exorcizador y curativo (46).

Por otro lado, resulta importante precisar que la literatura gestada al interior de la prisión forma parte de un campo marginal y clandestino, en el cual el autor toma y valora todos los elementos que le permitan desarrollar su escritura (cartones, servilletas, papel higiénico, sábanas, etc.), urgido por transmitir un mensaje. Por otro lado, la escritura desarrollada fuera del espacio carcelario tiende a convertirse en una escritura testimonial, con ánimos reivindicativos y de denuncia, que busca perennizar un mensaje para las demás generaciones.

A nivel latinoamericano, la novela de la prisión cuenta con una rica tradición en obras y cultores. Una de las primeras novelas del siglo XX que se ocupó del tema carcelario es Puros hombres (1938), del poeta y narrador venezolano Antonio Arráiz. Otro texto importante que sigue la misma tradición es Hombres sin mujer (1938), del novelista cubano Carlos Montenegro. El narrador ecuatoriano Alfredo Pareja Diezcanseco desarrolla la misma problemática en su novela Hombres sin tiempo (1941). Los narradores chilenos María Carolina Geel y Volodia Teitelboim mostraron toda la crudeza de su reclusión en sus testimonios Cárcel de mujeres (1956) y La semilla en la arena (1957), respectivamente. Una obra importante de la literatura mexicana que se configura dentro de esta tradición es El apando (1969), novela que José Revueltas publicara desde la cárcel. Por otro lado, el costarricense José León Sánchez recrea el mundo de la prisión que le tocó vivir cuando fue condenado a cadena perpetua en La isla de los hombres solos (1969).

Resulta interesante afirmar que todos los autores citados en el párrafo anterior han sufrido de cárcel y persecución política en cada uno de sus países. En este sentido, la prisión se evidencia como experiencia necesaria que impulsa una creación testimonial que busca trascender el espacio carcelario. Por otro lado, demás está decir que las novelas mencionadas encuentran su génesis en las constantes dictaduras que asolaron al continente latinoamericano desde las primeras décadas del siglo XX. Por lo tanto, cabe afirmar que la prisión es tratada como la representación metafórica de un contexto histórico concreto, el cual puede ser rastreado a partir de los diferentes elementos enunciados en la realidad representada. 

En la literatura peruana no son muchas las novelas que abordan el horror de las cárceles visto desde adentro, es decir, narrado a manera de testimonio por los propios internos, quienes desempeñan los roles principales de los hechos que se cuentan. Un corpus importante para este tipo de novelística estaría conformado por Hombres y rejas (1937), de Juan Seoane; La prisión (1951), de Gustavo Valcárcel; El sexto (1961), de José María Arguedas; Los hijos del orden (1973), de Luis Urteaga Cabrera y Las cárceles del emperador (2002), de Jorge Espinoza Sánchez. Nuestro estudio buscará dialogar con el mundo representado de Hombres y rejas, La prisión y El sexto, pues, a parte de ser anteriores a Los hijos del orden (detalle valioso que nos permitirá rastrear alguna influencia en la concepción de la novela), desarrollan historias que no se apartan de la línea temática planteada por el texto de Urteaga Cabrera –pero con marcadas diferencias que luego se explicarán- y que se aproximan al espacio carcelario desde distintos lugares de enunciación.

La primera edición de Hombres y rejas (1937), de Juan Seoane, fue publicada en Chile por la editorial Ercilla, y cuenta con el prólogo de Ciro Alegría. Esta novela narra el encarcelamiento injusto y los duros tratos a los que son sometidos un grupo de presos políticos en una cárcel de Lima. Aunque no posee logros estéticos y estilísticos destacados, se trata de un valioso testimonio que sirve para conocer la realidad carcelaria a los que eran sometidos los presos políticos durante el gobierno de Luis Sánchez Cerro[2]. Si bien es cierto esta novela viene a ser un antecedente temático importante de Los hijos del orden, pues trata el mundo inhóspito de las prisiones, no parece tener mayor influencia en el mundo representado de la novela que estamos analizando. Al respecto, me propongo señalar dos ideas que sustentan mi punto de vista. Por un lado, Hombres y rejas narra el tormento de presos políticos que han sido encarcelados por ser peligrosos para la estabilidad de un régimen; entonces, a nivel de constitución de personajes estamos ante sujetos adultos que conocen sus derechos, por eso el trato que se les brinda difiere del que se les otorga a los presos comunes. La otra idea que es importante precisar es que, producto de este trato diferenciado, el preso político tiene derecho a pensar, reflexionar y evaluar su futuro, lejos de la desesperación, como quien sabe que tarde o temprano el sufrimiento terminará. En este sentido hasta se percibe una óptica positiva de la prisión:

 

Han pasado muchos meses y han sucedido muchas cosas. Se desglosan los días y a través de las rejas de nuestros calabozos seguimos leyendo el libro negro de la vida. Se fue el dolor y la inquietud se fue también. La sujeción de las rejas no doblega: educa. Frena la desesperación. Quince meses aislados en las celdas; sentir despeñarse los días cargados de sucesos. La angustia, algo a lo que debe parecerse la agonía, temblaba a veces en nosotros, y nunca pudimos salir al encuentro de una noticia, ni calmarnos en la precipitación de ir a buscar más lejos la verdad de cada acontecimiento. Todo ha tenido que esperarse con la paciencia encadenada a la celda. (1937:188)


A diferencia de lo señalado en el texto de Seoane, el mundo representado de Los hijos del orden brinda una realidad completamente distinta y desoladora. En primer lugar, no es un texto exclusivamente carcelario, pues desarrolla otros tópicos igualmente importantes. Las personas privadas de su libertad no son adultos, sino niños; no son letrados, sino analfabetos; no conocen sus derechos, y si los conocieran tampoco serviría de mucho, pues no tienen voz ni representación legal. En segundo lugar, estos niños y adolescentes también reflexionan acerca de su destino en la prisión, pero con la certeza de que solamente saldrán de allí muertos, debido al salvajismo -producto de las represiones- con que los tratan en el centro de rehabilitación.

En la novela La prisión (1951), Gustavo Valcárcel continúa con la línea del realismo político planteado por Seoane. El estilo de Valcárcel es más artístico y el manejo de los personajes es más logrado. Esta novela presenta la narración testimonial de su autor, recluido en prisión debido a razones políticas. A diferencia de la novela de Seoane, La prisión ya no se preocupa solamente por representar la realidad de los presos políticos y de denunciar a un determinado régimen, también extiende la comprensiva mirada hacia los demás pabellones en donde se encuentran los presos comunes, sumidos en un mundo violento y repugnante.[3]


En la madrugada, Froilán es asaltado por dos sombras en la escalera de caracol. Le amarran un trapo en la boca y lo arrastran hacia una de las celdas del primer piso. En el camino le van sacando el pantalón y palmeándole las nalgas. Se oye un ruido bucal que pugna por salir y... nada más. Antes de las seis de la mañana, Foilán arrastra su cuerpo, como un reptil, por la escalera de caracol y con dirección al tercer piso. Sus fundillos están rojos de sangre y húmedos de semen, los ojos nublados por el llanto, las manos arañadas por la lucha. Sólo musita: No lo creo-. Y el mundo sigue girando. (1951: 17)


A pesar de que se trata de una novela que temáticamente se encuentra en la misma línea que el libro de Seoane, la novela de Valcárcel posee elementos referenciales de abyección y perversión que lo acercan al mundo representado de Los hijos del orden, aunque no es antecedente directo de esta última. Una gran diferencia la constituye el tipo de prisión y la edad de los sujetos recluidos.

El Sexto (1961) es una novela de José María Arguedas que cuenta las duras experiencias de Gabriel, preso político y alter ego del autor, durante su encierro en la conocida cárcel limeña cuya denominación le da el título a la publicación. En esta novela, Arguedas narra su experiencia carcelaria sufrida en esta prisión entre 1937 y 1938. A pesar de ser un texto que también se enmarca dentro del realismo político, El Sexto se diferencia de las novelas anteriores por ocuparse de otros tópicos iguales o más importantes que el político. 

El Sexto fue una prisión edificada en tres pisos o niveles conectados entre sí, horizontalmente por puentes o pasadizos. Las celdas semejan nichos por su disposición vertical y por su apariencia a bóvedas de cementerio. Esta estructuración de la cárcel parece obedecer a criterios culturales y excluyentes, pues los denominados presos políticos se encuentran confinados en el tercer piso y conforme se va descendiendo de niveles se podría decir que también va descendiendo la “calidad” de los prisioneros (el segundo piso está destinado para los presos comunes y en el primer nivel se ubican los prisioneros de mayor peligrosidad, entre los que se encuentran homicidas, violadores y proxenetas). Gabriel, personaje principal de la novela, tiene libertad para transitar por los diferentes niveles de la prisión y conocer los distintos problemas que aquejan a otros reos. En tal sentido, puede narrar los horrores y abusos que ocurren en el primer piso, y cómo la corrupción de las autoridades penitenciarias terminan por permitir y generalizar el “reinado” de algunos crueles y sanguinarios cabecillas. 

La realidad representada en Los hijos del orden del orden de Luis Urteaga Cabrera le debe más a El sexto, de José María Arguedas, que a las dos novelas anteriores, pues trata tópicos como la migración, la prisión, la perversión y la abyección entre sus referentes principales. No obstante, la edad de los prisioneros en la obra de Urteaga (todos menores de edad) y el tipo de prisión que contiene los principales acontecimientos (se trata de un centro de rehabilitación), hacen de Los hijos del orden una novela insular dentro del panorama narrativo de la literatura peruana del siglo XX.

Por lo tanto, podemos concluir que el mundo carcelario representado en la novela Los hijos del orden la convierten en una novela insular dentro de la literatura peruana, debido a que no existe ninguna otra obra -hasta donde se ha investigado- que aborde el universo abyecto de la prisión reformatorio y el destino de sus protagonistas. Actualmente, en la narrativa del norte del país se vienen publicando novelas que recrean vivencias delictivas de menores de edad y que buscan insertarse en el mundo subjetivo de sus protagonistas. Una de ellas es la denominada Cachorro, del excelente narrador trujillano Charlie Becerra Romero, texto que, sin duda alguna, merecerá una lectura independiente.


Referencias bibliográficas

CASADO, Ana. Escritura entre rejas: literatura carcelaria cubana del siglo XX. Universidad Complutense de Madrid, 2016.

ABANTO, Luis. “Espacio carcelario y no-discurso del otro marginal en Los hijos del orden de Luis Urteaga Cabrera”, en: Intermezzo Tropical, n.° 3 (2005), pp. 51-58.

URTEAGA, Luis. Los hijos del orden. Lima, Mosca Azul Editores, 1973.



[1] Recuérdese que las cárceles fueron construidas en las afueras de la ciudad. Ahora, con el crecimiento demográfico y las necesidades de vivienda, las distintas prisiones han terminado de manera paradójica casi en el centro mismo de la urbe.

[2] Hombres y rejas es un texto importante de la narrativa política del Perú. Se trata de un testimonio del propio Seoane, condenado a muerte por ser opositor al régimen de Sánchez Cerro. Esta novela fue escrita en poco más de dos meses, que constituyen la fecha de prisión y sentencia de Juan Seoane hasta la  fecha en que se le conmutó la pena  y se lo echó del país.

[3] La narración de esta realidad es complementada de manera magistral por José María Arguedas en su novela El Sexto.

Friday, June 19, 2020

Las preguntas del Ornitorrinco, de Ricardo Ayllón

Las preguntas del Ornitorrinco


El narrador, poeta, periodista, editor, abnegado padre de familia y mejor amigo Ricardo Ayllón es un infatigable propulsor y promotor de eventos culturales, la mayoría de ellos orientados a brindarnos un panorama de la literatura peruana actual, de la verdadera, digo, la no centralista, la que se ocupa de los desteñidos y sinceros sentimientos y ambiciones del hombre común peruano, la regional, la de autores provincianos. Muestra de ello son los preclaros esfuerzos por dar a conocer a escritores del interior desde Ornitorrinco Editores, su editorial (el nombre de esta entrañable editora ha permitido el parafraseo entre sus amigos más cercanos, tales como Ornitebrinco –cuando se está entre tragos-, Gorditebrinco –cuando porta unos kilitos de más- y Dondetebrinco –cuando nuestro amigo resulta inubicable); Ornitorrinco, por lo tanto, es un importante sello peruano que, pese a las crisis existenciales y económicas de su director, jamás ha claudicado en su noble labor de difusión cultural.

No obstante ser un editor consumado y como para que no digan que ha creado una editorial para publicar sus mismos libros, los textos de Ricardo Ayllón han ido apareciendo en distintas editoriales a nivel nacional y ahora ha tenido el acierto de publicar en un joven sello trujillano que va en camino de trascender: Ediciones Orem, de otro amigo, Oscar Ramírez, con un notable libro de entrevistas: Las preguntas del Ornitorrinco (diálogos con la literatura peruana).

Las preguntas del Ornitorrinco intenta ser un libro de entrevistas formales a escritores consagrados (no oficiales ni veneradas vacas) de nuestra literatura peruana. Digo que “intenta” no como un defecto sino como un acierto, ya que más que un juego de roles de pregunta y respuesta entre entrevistador y entrevistado, esta publicación viene a ser una miscelánea de diálogos entrañables con los espíritus sencillos y trashumantes o con los egos de cada autor. Además, el buen Ricardo cuenta con algo a su favor: su labor de escritor le permite elaborar las preguntas adecuadas y rastrear el alma de sus colegas de oficio y beneficio. ¿Beneficio?

Las preguntas del Ornitorrinco son claras, precisas, sencillas, algunas condescendientes y otras que buscan la polémica. Las preguntas del Ornitorrinco aperturan el diálogo, estimulan la capacidad comunicativa, provocan la incontinencia verbal (esto lo podemos comprobar en las respuestas de Cromwell Jara, de Oswaldo Reynoso y de Ricardo Vírhuez). Las preguntas del Ornitorrinco son tan certeras y direccionadas que arrancan frases como: “La religión es el principal agente idiotizador del hombre” (Marco Cárdenas), “Mientras exista una sociedad con esperanza, estará presente la voz del poeta” (Julio Carmona), “Escribir es un privilegio que Dios me dio y no he desaprovechado” (Rosa Cerna Guardia), “La inteligencia es a veces un estorbo para la literatura” (Cronwell Jara), “Voy a morir siendo pesimista” (Carlos Rengifo), “El poeta debería ser un combatiente del trabajo cultural” (Jorge Luis Roncal), entre otras.

Cuando acepté presentar el libro, Ricardo Ayllón me dijo que lo leyera con detenimiento, que le interesaban mis opiniones. Sin embargo, poco es lo que se puede opinar de un libro de entrevistas. Aquí lo más importante, a mi modesto entender, son las respuestas de los entrevistados. Podemos resaltar sí los giros formales y la pericia del indagador para hacer que la entrevista adquiera tono de confesión y una subjetividad preciosa. Y qué bueno. La mayoría de las veces logra su cometido, pero hay otras en que por el tiempo y el espacio en que han sido realizadas (dígase caminando por un pasillo, o apurados porque ya empezaba una conferencia o porque finalizaba), donde los dialogantes se muestran apáticos o muy breves y no se dejan escarbar ni abarcar como el ornitorrinco lo hubiese deseado.

En conclusión, Las preguntas del Ornitorrinco (diálogos con la literatura peruana) es un libro importante en nuestras letras, pues recoge la voz y las mejores impresiones de importantes escritores peruanos. Diremos también que si el libro presenta grandes aciertos se debe a que Ricardo Ayllón no es novel en estos asuntos; por el contrario, es un viejo zorro, un veterano lobo de estepa, un sobreviviente indemne de las causas imposibles en el mundo del periodismo. Ha trabajado en La Industria de Chimbote, ha coeditado la revista Arteidea y ha escrito un libro de crónicas periodísticas.
Bien por él y felicitaciones al editor de este notable libro.