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Wednesday, July 05, 2023

Poéticas de Ángel Gavidia Ruiz: soledad, transculturación y migración

Hace algunos meses coincidí con el poeta Ángel Gavidia Ruiz en el puesto de periódicos de mi padre en el centro histórico de Trujillo. Después del saludo respectivo, tuvo la gentileza de obsequiarme sus dos últimas publicaciones. En ese momento no me fijé muy bien en los títulos, pero luego pensé con detenimiento en su denominación: Toda su poesía y Todos sus cuentos. Entonces me asaltaron algunos cuestionamientos: ¿Por qué el doctor Gavidia ha titulado de ese modo a sus últimas publicaciones? ¿Acaso alguna grave enfermedad está mermando la salud del vate y con estos títulos intenta comunicárnoslo de manera indirecta? ¿O tal vez con estos libros ha decidido colgar los guantes de la literatura y dedicarse por entero a su profesión? El poeta Gavidia, el día de su presentación en la VI Feria del Libro de San Borja, me dijo que acontecía exactamente al revés, que faltaba poco para que colgara batas, estetoscopios y escalpelos, pues pensaba dedicar el tiempo de su jubilación por entero al cultivo de la literatura. Entonces comprendí que un poeta verdadero nunca tira la toalla, un artista de la palabra jamás se jubila. Por lo tanto, Toda su poesía y Todos sus cuentos están lejos de pertenecer a sus obras completas, pues el doctor Ángel, aún con la figura enhiesta de un roble, demuestra estar lejos de todos los recodos y vencimientos de la existencia.


Médico cirujano para las dolencias del cuerpo y orfebre de la palabra para las inquietudes del espíritu, no se puede hablar de poesía liberteña sin detenerse en la propuesta original de Ángel Gavidia. Su producción poética y su narrativa se encuentran ligadas a esa preocupación constante del trabajo comprometido con la palabra. En la producción literaria de Gavidia muchas veces se anulan las fronteras del género. En una obra caracterizada por la brevedad, su poesía se encuentra cargada de la experiencia y sabiduría propias de sus relatos y, por su parte, su trabajo narrativo se ve alimentado constantemente por la intensidad lírica de sus mejores versos. Acerca de la brevedad en su obra, Gavidia llegó a comparar su labor de creador con el de un corredor de cien metros planos, pues se trata del tipo de atleta que llega lo más pronto posible a la meta, aún oxigenado y de pie, sin perderse en los vericuetos del barroquismo y del efluvio verbal innecesario. Según Gonzalo Espino (2013), “la escritura de Gavidia pelea contra la pereza, contra el facilismo y se impone la exigencia de hablar con tono renovador” (p. 21).


En este texto me ocuparé, humildemente, de Toda su poesía. Este libro, publicado por Hipocampo Editores en el año 2013, se encuentra conformado por los siguientes poemarios “La soledad y otros paisajes” (1987), “Poemas encontrados” (1996), “Arando en el mar” (1996), “Los caballos del retorno” (1996), “Un gallinazo volando en la penumbra” (1996), “Libreta de apuntes” (1996), “Fuera de valija” (2008), “El centro de la tierra” (2011) y “Otros poemas”.


Es frecuente que después de leer un poema nos cuestionemos por los alcances del mundo representado en sus versos. Esto ocurre a tal punto que nos preguntamos de qué trata o cuál es el argumento que desarrolla el texto. Aquí estamos ante un conflicto de género, pues es conocido que el poema no desarrolla el acontecimiento, sino que lo sugiere, lo insinúa en imágenes, lo sintetiza. No obstante, hemos tenido poetas que han cultivado lo que Camilo Fernández Cozman llamó el poema argumentativo o lo que Víctor Vich propuso como poema del acontecimiento (tenemos los casos de Washington Delgado y César Vallejo, respectivamente). En este sentido, la poesía de Gavidia no argumenta ni desarrolla; sus versos, a través de imágenes sublimes y poderosas, sugieren y canalizan la emoción. En su poesía coinciden la emoción más inquietante y la palabra descarnada en su simpleza, además de breve. 


Respecto de los tópicos que aborda, la poesía de Gavidia muestra hondas preocupaciones por el devenir de la existencia humana. Parafraseando a Publio Terencio, podemos decir que al poeta Gavidia, como hombre de natural filiación, nada de lo humano le es ajeno. Sus versos se caracterizan, además de la brevedad, por la marcada soledad que envuelve el discurso del yo poético, una soledad añorada, asociada a los elementos tranquilos del mundo rural: “Luego de ti/ y de la bulliciosa población que te habita/ torno a la soledad/ como alguien que regresa a su querencia (p. 33)”. La soledad, entonces, se constituye en un elemento principal de la poesía de Gavidia, soledad alimentada por el desconcierto propio del yo poético inmerso en un proceso de engañosa transculturación, producto esta de la migración del campo a la ciudad (“Como oveja extraviada de un rebaño que ignoro” - p. 39). Esto lo podemos notar en los elementos interculturales que presentan sus versos: “La soledad semeja/ un buen asno/ que trota/ parajes donde el hombre/ pastara desde niño/ su dolida mitad”.


Otro elemento importante en la poesía de Gavidia, casi a nivel de personaje, es la ciudad. La sección “Poemas encontrados” presenta una poética de los espacios novedosos, fríos y desconcertantes ubicados dentro de la urbe. Es en el reducido estómago de concreto de la ciudad donde el autor va encontrando poemas que construyen y determinan su sensibilidad. Por ejemplo, en el “Poema encontrado en la banca de una plaza cualquiera” se expresa lo siguiente:


Mi libertad:

la piel de cemento de las calles,

los restaurantes con piso de aserrín,

los mercados, 

la fruta prohibida, 

los letreros que dicen: no hay trabajo, 

los días que desfilan untándome de nada,

mis zapatos,

el último trago de mal ron,

la soledad

     o la angustia como sucesión de gusanos escalándome,

nuevamente el mal ron,

y más allá

los locos que se fueron

abriéndole un forado a esta libertad (p. 59).


En este poema encontramos a un yo poético desencantado de la urbe, tal vez a un migrante que no encuentra en la ciudad el acceso a la prometida modernidad, al goce de los derechos de la ciudadanía como contar con un simple puesto de trabajo. La urbe es descrita como una prisión de cemento; entonces el licor y la locura se constituyen en rápidas vías de escape, en falso alivio para la dolorosa existencia. En consecuencia, hasta aquí podemos afirmar que en Toda la poesía de Ángel Gavidia se añora lo rural, y se consolida lo bucólico como una realidad construida a partir del desencanto de la ciudad: “Aquellos años,/ como un tordo extraviado/ entre los guabos./ Y mi mirada,/ agrio añil/ o caballo despeñado/ náufrago y salvo entre tus aguas” (p.75)


Es importante tomar en cuenta el significativo bestiario que contiene la obra poética de Ángel Gavidia; en sus versos encontramos asnos, caballos, ovejas, grillos, lobos, luciérnagas, perros, gallinazos, yeguas, venados, gallos, murciélagos, cisnes, cucarachas, langostas, pájaros, tigres, hormigas, camellos etc.  Elementos que sin duda merecen ser tomados en cuenta a partir de la interrelación que el poeta establece con ellos en espacios determinados, y de los cuales prometemos ocuparnos en un ensayo posterior.


Finalmente, la poesía de Gavidia cuenta con dos herramientas fundamentales y necesarias para que los versos pergeñados por alguien se constituyan en verdadera poesía: la sinceridad de la vivencia, la musicalidad del lenguaje y el poder enunciador de la imagen para sugerir representaciones oníricas o reales cargadas de emoción y sensibilidad. Esto lo podemos notar en su poesía erótica, la cual también forma parte de este libro. En el poema nueve de “Al centro de la tierra” (2011), el poeta dice:


La impostergable cita,

la temida y amada,

la soñada;

allí,

donde vive la cosquilla de Dios/ como una reina

entre largas colinas,

en húmedos ramales,

en la gruta

donde se sobresalta

el tiempo

        el mundo

                  el bien

                          el mal,

el intrépido salmón llega agitado,

olvida el largo viaje,

desoye a sus heridas,

se zambulle,

se solaza,

se estremece,

lanza su blanco canto

y luego muere

cumpliendo a plenitud con su destino.


En conclusión, en Toda su poesía encontramos la vital importancia del universo andino, del mundo rural, del orbe, de los seres que pueblan los campos y las ciudades. También poemas cargados de erotismo, amor, desamor y desolación. Toda la poesía de Ángel Gavidia es un cóctel de emociones hermosas, apaciguadoras, pero también inquietantes para el espíritu. Quienes se sumerjan en la lectura mágica de estos poemas podrán acceder a una variedad de emociones representadas por elementos cotidianos, tanto rurales, urbanos y hasta oníricos. En resumidas cuentas, tal como lo dice el poeta Alberto Alarcón en el comentario de contratapa, estamos ante “poesía de alta tensión, de fuego abrupto, pero también de sosiego, égloga y silencio”. 


César Olivares Acate



(Ángel Gavidia Ruiz)


Referencias


Gavidia, A. (2013). Toda su poesía. Hipocampo Editores.



 

Wednesday, February 26, 2020


Apuntes en torno al poemario El libro de los fuegos infinitos, de James Quiroz


De modo arbitrario, pienso que los poemarios o colecciones de poemas, por más breves que estos sean, deben demandar del lector un abordaje atento en el cual este reconozca y problematice sus emociones y pueda, además, conmoverse a partir del diálogo con todo tipo de referentes que el texto ofrezca, digo, si los versos están en condiciones de plantear esta experiencia. Por tal motivo, dudo mucho de los libros de poesía que pueden ser leídos de un solo tirón. A la buena poesía siempre se retorna, y de manera lenta, pues cada lectura significa un descubrimiento y disfrute constantes.

El libro de los fuegos infinitos (Celacanto, 2018), de James Quiroz, es un poemario breve de cincuenta páginas, conformado por veinticinco poemas de diferente factura, variada temática y disímil extensión, el cual, afortunadamente, no pude terminar de leer de un solo tirón. Debo confesar que me llevó un tiempo más que prudencial pasar de un poema a otro, esto debido a los tópicos que desarrolla y los referentes culturales e interculturales que recrea el autor en casi todos los textos de este libro. El poemario se caracteriza por no presentar el desarrollo de una sola línea temática, lo cual puede verse como un recurso deficiente en libros breves de poesía, sin embargo, tras una lectura atenta, planteo tres apartados de fuegos infinitos propuestos por el autor, y que son transversales a toda la extensión del texto: a) Testimonio existencial y cotidiano del yo poético, b) Nostalgia por referentes culturales prehispánicos, y c) Construcción de una poética del desencanto.


a.    Testimonio existencial y cotidiano del yo poético

Si bien es cierto toda poesía brinda un testimonio existencial del paso de su autor por diversos avatares, no cabe duda de que el contenido del verso se torna más auténtico cuando en el testimonio se conjugan situaciones que parten de experiencias desgarradoras de su creador y llegan a ser expresadas en grandes productos estéticos. Solo así el poema estará en condiciones de conmover, debido a su verosimilitud, y generar una empatía literaria con el lector (el famoso pacto ficcional, propuesto por Coleridge). En este sentido, Quiroz emplea los versos largos y de ritmo caudaloso para enunciar su testimonio, una confesión reconocible que parte de lo cotidiano. A esta primera parte de su testimonio existencial pertenecen los siguientes textos: “Baladas de los hombres audaces o instrucciones para no morir”, “Un tatuaje en la piel de los incendios”, “Poema ardiendo en la niebla”, “Poema con infancia en la garganta”, “Poema escrito en cables de alta tensión”, “Un soberbio solo estalla en el enjambre de estrellas fugaces” “Wild Is The Wind” y “Madre”.

James Quiroz emplea, para lanzarnos sus fuegos infinitos en este primer apartado, tanto la poesía en verso como en prosa, pero es en el verso donde consigue brindarnos con mayor fidelidad su mensaje. Elige como voz del poema a un enunciatario un tanto desencantado de su propio acontecer. Este yo poético tiene que reinventarse, configurar una nueva existencia a partir de los cambios que experimente en su vida, pero sin olvidar sus raíces: “Tu nombre ha sido limado de la placa escolar. Tienes que empezar de nuevo, vibrar // Aprende a recordarte. A escoger las piedras que levantarán tu fuerte” (p. 8). Sin embargo, lo que sí debe olvidar son las experiencias negativas que no le dejan crecer, “esos venenos” (p. 9) que impiden plantearse nuevas vivencias.

Por otro lado, en este tópico del testimonio, el yo poético asume la vida de modo desencantado, como un “Carnaval de rostros mutilados/ Incendio desafinado de truenos” (p. 10), como alguien que acepta “el vino y la carroña” (p. 10), pero que, sin embargo, en medio de tanto desconsuelo, ha decidido no dejarse vencer, pues invita a la existencia misma a temerle: “¡Tiemblen! ¡Es un hombre a quien enfrentan!” (p. 10). En esta parte también se muestran ciertos rasgos de determinismo, pues le endilga a los hombres la visión griega del destino, lo cual hace casi imposible que el sujeto se ocupe de su propio porvenir, pues lo despoja de toda capacidad de agencia: “Estoy en el camino. A medida que me acerco me alejo y he oído que los dioses sujetan la mano del titiritero” (p. 13).

Para finalizar con este apartado, diremos que los demás poemas seleccionados para el tópico del testimonio existencial no se alejan mucho del discurso analizado. En tal sentido, es un tema recurrente en la poesía peruana desde la década del 70 hasta la actualidad. Lo que hace singular la propuesta de Quiroz es que los límites entre el verso y la prosa se difuminan en sus poemas. Pero esto no confunde al lector, al contrario, le configura un reto que le obliga a dialogar con sus propios criterios estéticos.


b.      Nostalgia por referentes culturales prehispánicos

Este apartado se caracteriza por presentar una poesía cargada de referentes culturales e interculturales de variada índole. Se entiende por poesía intercultural a aquella que es capaz de sostener un diálogo con las producciones simbólicas de la realidad aludida, llámase música, danza, lengua, arquitectura, etc. La gran mayoría de alusiones interculturales en los poemas que vamos a citar se inclinan por la nostalgia hacia el pasado prehispánico, aunque no debe dejar de mencionarse a referentes literarios y musicales de occidente. El tópico de los referentes culturales en El libro de los fuegos infinitos se encuentra conformado por los siguientes textos: “Mi piel es una continua explosión de astros moribundos”, “Poema para ser bailado en carnavales”, “El fin también será nuestra canción”, “Visión de Pacatnamú”, “Chimú Cápac vuelve a su devastado reino (en bus desde Cajamarca)”, “Sacrificio”, “Los futuros desiertos” y “Balada del mar embravecido”.

Quiroz se vale de un yo poético que siente nostalgia por su pasado histórico. Su discurso, sin embargo, no le impide ser crítico con los momentos de barbarie. Al contrario, se reconoce hijo de la violencia, pues solo así una cultura puede someter a la otra, o al menos invisibilizarla, desligitimarla: “Cuánta sed inundó los campos de estiércol. El fuego perpetuo de los dioses arderá en nuestra dura travesía y los cuernos seguirán sonando en el yermo campo de batalla. Y tu voz ensangrentada, amigo, será leña para mis ágiles despojos” (p. 11). El yo poético se reconoce producto del mestizaje, y asume su visión de cronista de la siguiente manera: “Mi voz es el cancionero extraviado de los moros, arde en la escritura extinguida de los muchiks” (p. 11). Luego se presenta como parte de los vencidos, pero orgulloso de sus ancestros: “Un río rojo inunda el poema que se escribe con las pieles de los guerreros chimús que fueron mis ancestros: No queremos nuevos dioses, escupió Minchancaman sobre el joven príncipe, antes de ser esposado con la hermana de su enemigo” (p. 12). 

En este mismo sentido, es interesante el sincretismo religioso que presenta el texto “Visión en Pacatnamú”. En este poema en prosa el yo poético problematiza la práctica de la idolatría tanto del lado monoteísta como del panteísta, ante lo cual se constituye como un sujeto escindido en la fe. Por esta razón, nos describe una visión determinista de la vida: “La vida terrenal fue una trampa urdida por los dioses. LLegamos después de los batracios que se escondieron en el árbol del deseo” (p. 23). Entonces los dioses, cualquiera sea su filiación, sojuzgan, subalternizan y basurizan. La libertad, para el poeta, solo se consigue si uno logra desembarazarse de ellos.

Mención aparte merece el poema “Los futuros desiertos”, en el que el yo poético  describe sus constantes migraciones y cita parte de sus lecturas compartidas con sus compañeros universitarios. Se menciona, por ejemplo, a Ungaretti, Pablo Guevara,Whitman, Rimbaud, Pound, Pizarnik, De Rokha, Hölderlin, Vallejo, Pavese, Baudelaire, Dante, Mahfud, Neruda, Churata, Borda. Demasiada belleza, según el propio poema. No obstante, “La belleza es destrucción y es el camino exagerado de la mente” (p. 43). Por esta razón, el poeta se condena.

Vale aclarar que las referencias interculturales han sido muy empleadas en la poesía peruana del siglo XX. En la poesía liberteña también podemos darnos cuenta del empleo de este recurso que busca dialogar con diversos referentes para otorgarle peso contextual y asidero ambiental a la poesía. Muestra de ello es el trabajo realizado por Ángel Gavidia, Bethoven Medina y Robert Jara, con disímiles resultados. No obstante, las referencias interculturales halladas en los poemas de James Quiroz no buscan problematizar hechos históricos, sino que es un recurso del cual se vale para armonizar diversos mundos representados en el poemario.


c) Construcción de una poética del desencanto

Esta construcción la realiza el poeta de modo transversal en varios de sus textos. Los poemas de los que me he servido para proponer la poética del desencanto son los siguientes: “Poema para liberar a un albatros”, “El fuego en la lengua”, “Poema escrito en el lomo de un equilibrista”, “Y en todos los mares sea la fiesta de la poesía”, “Para bajarle los humos a la poesía”, “Poema par armar/ Telegrama para Xavier Abril”, “El sol de los crepúsculos”, “Y poesía es lo que siento mientras escribo”. En estas creaciones, el yo poético esboza su visión de la vida a partir de la forma en que asume la poesía. 

La poética del desencanto es una visión propia del sujeto juvenil. Como construcción social, este se asume en la obligación de problematizar y censurar todo lo obsoleto en cualquiera de sus ámbitos: social, político, económico, cultural, histórico, etc. La poética que propone James Quiroz se encuentra inmersa en estas motivaciones de la insurrección del subjetivismo juvenil y sus utópicos arrebatos. Por ese motivo, elige un yo poético que denuncie la imposibilidad fáctica de hacer poesía en el país, a pesar del talento y la belleza, y vivir de ella. Tal vez ahora entiendo la razón por la que el autor escribió el siguiente paratexto en la solapa del libro que analizamos: “Este libro es un regalo para los lectores. Su distribución es gratuita”.

En el poema titulado “El fuego en la lengua”, el yo poético manifiesta: “Y cantaré hasta que la muerte invada mis párpados con su ejército inútil desesperado” (p. 17). La poesía es canción, la canción es movimiento, el movimiento es vida. Solo la poesía puede hacer que el ejército de la muerte pierda la calma y la confianza en sí mismo. Puede morir el poeta, pero no su voz. Sin embargo, el desencanto viene al “Imaginar que la melancolía de la soledad es el lugar común de los poetas que ansiaron la luz en una lámpara vacía” (p. 17). Por otro lado, cabe cuestionarse junto al yo poético por la utilidad de la poesía. Entonces no cabe más que la desilusión de entregarse al trabajo creador en un país que no valora este bello oficio. Una muestra ocurre en el poema “Y en todos los mares…”, donde nos dice lo siguiente: “Puedo escribir en el cielo en las estrellas o en las cordilleras eso no es tan difícil la verdad lo difícil es que las cordilleras se despisten y canten y en todos los mares sea la fiesta de la poesía en los amados vértigos” (p. 21). Por lo tanto, ¿qué se puede hacer en esta realidad negativa? ¿Contra quién nos mostramos renuentes? ¿Hacia quien descargamos nuestra frustración? El poeta, con cierto determinismo, asume que la salvación radica en la fe y en la nueva forma en que Dios entienda la justicia: “Todo será poesía cuando agonice el último poeta/ y todo se pinte de un nuevo color la mano de dios” (p. 21). 

Para finalizar, el poema “El sol de los crepúsculos” presenta una marcada poética de la desilusión. Cuestiona el verdadero trabajo del poeta. ¿Su intención es solo mostrar la decadencia? Uno de los versos de este texto dice “Hermosas ruinas profetizaba el poeta” (p. 33). Y si así fuera, ¿cuál sería la trascendencia de su trabajo poético?, si ya no hay coyuntura, si los bardos ya no cantan las injusticias, si “Los poetas se fueron a la guerra en el jardín de su casa” (p. 33) En las líneas posteriores se nos brinda un verso que representa la visión de toda esta poética, pues si “No hay apostillas para la barbarie me niego a escribir un poema” (p. 33). Nada más que decir.


Conclusiones

1. El libro de los fuegos infinitos de James Quiroz es un poemario breve que, a pesar de no profundizar el desarrollo de una unidad temática en particular, no debe pasar desapercibido para la crítica literaria nacional, pues se trata de un producto estético que presenta los buenos oficios de su autor. Los poemas que conforman este libro se sostienen en un punto medio entre la lírica y la épica. Sus figuras son novedosas y el tratamiento variado de sus temas quedan entre la propuesta y la sugerencia.

2. El poemario analizado es esencialmente ecléctico en su concepción y en su temática. Se encuentra escrito en verso y en prosa. Su contenido hilvana testimonio, reflexión, ensayo, emplea referentes interculturales que enriquecen el discurso del enunciatario y propone una poética propia de un determinismo existencial que parte de una visión desencantada de la realidad. Un referente inmediato para la variedad de recursos estilísticos empleado en el Libro de los fuegos infinitos lo encontramos en la poética propuesta por el gran Pablo Guevara en ese poemario monumental denominado Un iceberg llamado poesía.

3. Debido a la presencia del determinismo en las tres estancias analizadas del libro, concluimos que James Quiroz emplea en su poemario el lenguaje de la desesperanza. Asumo que le viene bien por el mundo representado en sus poemas. Sin embargo, el hecho de brindar a su creación una apertura temática mayor, debió otorgarle mayor dinamismo al lenguaje. Esto imposibilita muchas veces que la reflexión llegue a consolidarse en algunos de los textos analizados.

César Olivares Acate

Referencias

Quiroz, J. (2018). El libro de los fuegos infinitos. Lima: Celacanto.


Friday, June 21, 2019

Poemario


  Canción de sombra

César Olivares Acate

  
 El guitarrista - Oswaldo Guayasamin


Trujillo, junio de 2001


Te ofrezco la amargura de un hombre
que ha observado largamente la luna solitaria.

Jorge Luis Borges

Sé que hay una persona
que me busca en su mano, día y noche,
encontrándome, a cada minuto, en su calzado.

César Vallejo


1

Cansado de Ser silencio
y de ver caer el tiempo con su esqueleto de hojas
envejecidas
el abuelo ha llegado lento como un reloj
y ha estropeado las horas incólumes del otoño
espantando pájaros y ladridos
piedras niños tempestades
en una ciudad tan lluvia y sin memoria
Y es aquí cuando parece decirme
(con su voz de vino y de pasado)
que está demás despellejar el tiempo
con sus tardes
que nadie puede vivir lamiendo los recuerdos
sin ponerle una pizca de mentira a las edades
Tan cierto y tan real como una historia salida
de su boca
el abuelo ha escapado de los inviernos
(en silencio)
y ha regresado a casa
con el cielo derribado a sus espaldas




2

Pero recordar al abuelo no es recordar
sus calcetines rotos secándose en la tarde
                  (solamente)

Recordar al abuelo es contemplar las calles
con sus bares y mendigos
                    (el murmullo de sus pasos
               ha roto los vidrios de la noche)

Es adoptar una posición definitiva frente
al paso de las aves
    (es el abuelo que ha venido de muy lejos
                 trayendo en sus zapatos
                la muerte de los caminos)

Es en fin mirar el reloj y entender con tristeza
que todo tiempo es corto para envejecer tranquilo
                        (y es su decisión
         permanecer en la memoria de la abuela
                 como un árbol envejecido).



3

ABUELO:

Te quedaba quizá el recuerdo de los campos
incrustado en las paredes
La voz vacía de un hombre asomado a la ventana
Te quedaba quizá la ilusión de sembrar
una flor sobre el asfalto
y la esperanza vana de hablar con el invierno
Pero fueron tus ojos los que anochecieron
y la abuela fue una estrella
y mamá también fue una estrella
y todas las cosas fueron estrellas

(Las mismas estrellas que en noches póstumas
la abuela barrió
tratando de dejar un cielo limpio a tu recuerdo).




4

Ahora entiendo las lámparas encendidas como
hogueras domésticas (en la noche)
la tarde reposando como un animal por extinguirse
Ahora entiendo la fatiga de los relojes
y la luz dormida como agua sobre tus ojos
Si cuando reías lunas quebradas salían de tu boca
si cuando me hablabas mamá decía
que tu voz nunca había poblado las ventanas
porque tú te habías ido con el invierno
porque un retrato jamás habla a un hombre.




5

A veces subo hasta su rostro para respirar el cielo
el cielo es un gran pez alejado de la ciudad dormida
pues dormida estaba su memoria cuando cayó la noche
noche lenta que se enredó en el aire
para formar una palabra oscura y en silencio.




6


Solía decirme:
“No dejes las palabras regadas por el suelo
alguien podría resultar herido”

Entonces yo solía mirarlo
como se mira un árbol en invierno
y su voz era un geranio volando
un pez volando una gaviota volando

un rostro vuelto hacia la sombra dormida
                                           y volando     
                                           (también)
                                                   .


  
7

Ah   mi abuelo / si entendieras que la vida
es más que encender un cigarrillo
y contar historias al pie de la ventana
hoy no estarías hiriendo la tarde en tu retrato
y tu voz seguiría golpeando las paredes de la casa
quizá la guitarra colgada en el zaguán
o la paloma sin alas que da brincos sobre el día
traten de informar tu naufragio en un redoble
silenciado                                                  
Tal vez la noche o un trapo de sombra sucia
que limpia tu nombre en la ventana
sea el indicio definitivo para morirte lentamente
pero tus pies descalzos siguieron el camino

Y tu sombra fue un poncho de palabras claras
en espera de la lluvia.




8

Aparte de estos días otros fueron los inviernos
que fulminaron los caminos
hubo antorchas encendidas detrás de cada hoguera
y hubo cenizas inventadas al final de los abismos                         
Pero la noche hacía su aparición inevitable entre las patas
de una mesa
y fue el abuelo expandiendo su voz de grito en grito
cuando después de hablar con los árboles
el silencio encontraba su boca cerrada para siempre
No hay manzanas ni sombras amarradas a su cuerpo
solo restos de muerte cayendo de los árboles
solo muerte y más muerte
preñando para siempre el sueño de las piedras
porque después de todo el abuelo ha preferido estarse
en casa
y de su ausencia no ha quedado más
que una canción oscura
y el apuro de las flores por escapar de su recuerdo.